Refugios de vida 

El concepto de Reserva de la Biosfera se estableció por la UNESCO en la década de 1970, como una de las respuestas a la problemática mundial de esa época, en plena guerra fría. Desde entonces, las amenazas globales básicamente se han mantenido: contaminación ambiental, desaparición de especies, riesgo de guerra nuclear, pobreza; y se ha agregado el efecto del cambio climático global. 

Por eso, las Reservas de la Biosfera son mucho más que sitios hermosos. En realidad son los lugares de donde renacerá la vida si ocurren catástrofes originadas por las civilizaciones, pues almacenan naturalmente miles de especies. A mediano plazo, de ellas saldrán  las semillas para nuevos alimentos, el conocimiento tradicional para utilizarlas adecuadamente, y la inspiración en la maravilla de la naturaleza. Pero a corto plazo tendrán que ser resguardadas por su gente, los habitantes locales, para evitar que se expanda el daño hecho por quienes ya destruyeron el resto.

Si nuestras Reservas en verdad son de la Biosfera, tenemos el privilegio de preparar la continuidad de la vida, pero también el gran reto de formar personas responsables para esa tarea. Personas diferentes a las egoístas que detentan el poder económico y militar del primer mundo a costa de vidas humanas y de la calidad de la Tierra. Las personas que cuiden una Reserva de la Biosfera serán las que ahora habitan en ella y sus descendientes, y sólo lo harán porque serán amantes de la vida.

 

Sueños por la vida

Es posible que en tiempos de crisis uno sueñe más de lo permisible, pero no siempre es así. Más bien, uno se permite que sus sueños salgan cuando ya no existe la barrera de la normalidad. Por eso viene a colación la idea de las Reservas de la Biosfera son sitios para la paz. Es significativo que el ideal de la conservación de la naturaleza sea parte del ideal de la conciliación entre los pueblos. 

Las Reservas de la biosfera asumen los ideales humanistas y conservacionistas que, bien comprendidos, son uno solo. Porque la verdadera conservación de la naturaleza sólo es posible en una sociedad humanista, y la relación de las sociedades de este tipo con la naturaleza es necesariamente de respeto.

Conocer de cerca la naturaleza es la condición para amarla y, por lo tanto, para cuidarla. Descubrir los secretos de la naturaleza nos lleva a comprenderla, a considerarla parte de nosotros y a reconocer que somos parte de ella. Esta noción de doble pertenencia igualitaria nosotros-naturaleza sostiene el principio del desarrollo sustentable, e implica también una relación igualitaria entre las personas y entre los pueblos. Aunque parezca mucho pedir, una Reserva de la Biosfera se basa en ese principio. 



Respuestas en nuestro ámbito

Así que, para quienes nos dedicamos a la conservación de El Triunfo, nuestra misión está empapada no sólo de una respuesta ante la problemática ambiental global y de una esperanza de refugio ante las amenazas a la población humana, sino de una filosofía humanista inevitablemente asociada a la vocación conservacionista. En esta filosofía no cabe ningún conflicto entre los objetivos de la conservación de la biodiversidad y los del desarrollo.

Nuestra labor debe ser integral, no porque el bienestar de la población local sea un medio para conservar las especies, sino porque los fenómenos con que trabajamos en sí mismos son integrales. Pero ahora nuestro enfoque tiene que ser más amplio, pues también los fenómenos mundiales afectarán en el corto plazo las esperanzas de la Reserva y su gente. Comprometernos de lleno con nuestra misión, asumiendo la importancia estratégica de El Triunfo, puede ser un motivo para mantener el amor por la vida en otros lugares. Sobre todo, deben buscar que ese sentimiento de inmensidad llegue a la gente de la Reserva.

También requerimos esa inspiración para dar sentido y oportunidad a la búsqueda de alternativas productivas. Más allá de salir del paso ante los campesinos o aplicar un recurso temporal, tenemos que ser precisos para que cada árbol rescatado o sembrado sea una esperanza de un futuro mejor, para que signifique no sólo un cultivo para sobrevivir sino el cultivo de una mejor sociedad.

La conservación de la naturaleza y el desarrollo sustentable son parte inseparable de la misma aspiración, y la vocación por la paz es uno de sus caminos. En realidad es una misión muy hermosa.


Enero de 2018