“De acuerdo con el análisis "eWaste en América Latina", México ocupa la segunda posición en América Latina en cuanto a generación de basura eléctrica y electrónica, que incluye celulares y televisores y para la cual hay pocas políticas para su manejo.”

Cuánto daño causamos al medio ambientes a través del desarrollo humano, cada invención y cada avance tecnológico trae consigo contaminación ambiental. Cada uno de nosotros contamos con celulares, computadores, televisores entre otros, pero qué hacemos cuando dejamos de utilizar estos equipos?, a dónde vertimos todos estos desechos?. Te has preguntado qué sucede después de que tiramos al cesto de basura estos equipos?.

El principal problema con los desperdicios electrónicos es que contienen compuestos y metales pesados como mercurio, plomo, cadmio, níquel, selenio, arsénico, cromo y bromo, que al no ser tratados se convierten en un riesgo para la salud y el medio ambiente.

Buena parte de los mexicanos contribuimos a este deterioro ambiental. En promedio, en el transcurso de diez años, cada uno ha cambiado por lo menos una vez de televisor, dos veces de computadora, y cinco ocasiones de celular. Anualmente en el país se generan 350 mil toneladas de desechos electrónicos, de las cuales el 90 por ciento no recibe tratamiento especial. Con notables retrasos, la legislación mexicana los cataloga como desechos de manejo especial y no como residuos peligrosos, lo que deja a expensas de gobiernos estatales su manejo y confinamiento - y no de la autoridad federal competente. Los residuos electrónicos son tóxicos y representan un riesgo a la salud cuando se liberan de manera informal o si se disponen en tiraderos a cielo abierto.

Actualmente, México recicla apenas el 10% de este tipo de desechos, el 40% permanece almacenado en casas habitación, oficinas o bodegas y cerca de 50% llega a rellenos sanitarios o tiraderos no controlados.

El avance tecnológico en aparatos electrónicos y electrodomésticos tiene dos reveses contradictorios, prueba de la irracionalidad del mal llamado “progreso” y de lo falso que es el mito de la tecnología redentora. El primero consiste en que, con el paso de los años, la vida útil de estos aparatos ha ido reduciéndose en vez de aumentar: por ejemplo, desde 2010, el 43% de los celulares del país se desechan alrededor del año de uso; las computadoras, por otro lado, tienen una vida útil promedio menor a los 4 años. El segundo revés es que no contamos con infraestructura, equipo, ni técnicas adecuadas para manejar estos residuos de forma segura; estamos muy lejos de tener una tecnología capaz de contener la basura generada por la tecnología misma. El monstruo que hemos creado no es tan rápido como aparenta; producimos desechos a una velocidad que rebasa por mucho nuestra capacidad de procesarlos.

Hay que tomar conciencia y congruencia, ya que cada uno de nosotros  es responsable  de la generación de estos desechos, ante esas cadenas de interdependencia y sus desiguales contrapesos, los mejores esfuerzos son sociales y políticos:  debemos convertirnos en una fuerza  de socialización en la información y la responsabilidad entre lo que adquirimos, usamos y como los desechamos.

Hoy en día según la Ley General para la Prevención y Gestión Integral de los Residuos, esta responsabilidad se comparte entre los consumidores, distribuidores, productores, usuarios de subproductos y los tres niveles de Gobierno, Es decir que, en la ley, la responsabilidad es de todos; en los hechos, no es de nadie.

Un primer paso puede ser incluir una “responsabilidad ampliada” del fabricante en la legislación para que las mismas empresas den el tratamiento necesario a los residuos peligrosos y se ocupen de reintegrar los materiales aprovechables a las cadenas de producción.