Resignarse, aceptar algo sin protestar es sólo una de las consecuencias más graves de lo que  experimentamos los ciudadanos del país y del estado de Chiapas.

Los servidores públicos, quienes se supone, han sido contratados por nosotros para velar por nuestros intereses, parecen olvidar incluso, que viven en la misma ciudad a la que maltratan. Hemos sido secuestrados por la clase política.

Los partidos políticos y los Poderes de la Unión se han convertido en instrumentos para cuidar sus intereses;  los manejan para su beneficio y no para el beneficio de los ciudadanos.  Ellos manejan las instituciones y no los profesionales en el ramo.

La clase política mueve las estructuras organizacionales, cambia los programas y objetivos institucionales, toma decisiones con base en el recurso político, nunca con base en las necesidades de los ciudadanos. Me pregunto diariamente ¿cómo podemos esperar resultados distintos?

Observo cómo cada par de años levantan y re-hacen las mismas calles y los mismos puentes que pagamos y re-pagamos los ciudadanos, ¡me indigno! ¡me enojo! Levantan calles aquí y a una cuadra corre una calle paralela que lleva más de dos años sin terminar su construcción y no hay responsables.

Coludidos los poderes, son la misma clase política el juez, el funcionario, el candidato, el auditor... y ya también muchos empresarios... todos son responsables. Su principal característica: falta de planeación, organización, dirección, control y seguimiento de las acciones de gobierno cuando es a favor de los ciudadanos… más no cuando están de por medio sus intereses; en este caso sí son excelentes administradores. ¡qué vergüenza!

La clase política maneja el sistema y los recursos públicos como insumos para campañas publicitarias de imagen personal; evidencia de la importancia que tiene para ellos el recurso político. Han logrado legitimar el control del voto mediante los programas sociales y a partir de ello deciden hacia uno u otro candidato... la maquinaria del voto está andando con nuestros recursos y estos son utilizados según la necesidad del político en turno sin importar el partido.